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Pulso de Vida: Esta es una manifestación primordial de la inteligencia celular y de la energía vital que late en el ser humano y aporta movilidad a todos los tejidos del cuerpo, músculos, huesos, articulaciones, órganos, vísceras y sistema nervioso. 

No es difícil aprender a percibir el Pulso de Vida, pero se necesita un entrenamiento bajo la instrucción de un maestro cualificado.

Esta pulsación constituye un mecanismo de homeostasis (mantenimiento del medio interno y de la vida); mantiene la elasticidad de los tejidos, provoca un constante bombeo sobre los fluidos del cuerpo, como la sangre, la linfa, los humores y el liquido cefalorraquídeo (LCR), favorece el intercambio celular, mantiene el sistema nervioso central en optimas condiciones y regula la energía vital que late en el cuerpo. 

El Pulso de Vida se desarrolla en dos fases alternas de expansión y contracción, que interesan todo el organismo; las podemos comparar perfectamente con la respiración pulmonar que se compone por una fase de inspiración y otra de expiración, una activa y la otra pasiva.

En una primera fase de expansión, aumenta la tensión fascial en todo el cuerpo, al mismo tiempo que lo hace la carga bioélectrica de iones positivos. Es una fase activa en la que el cuerpo va acumulando energía en todas las células y en el sistema de las fascias principalmente, debido a la fuerza que estás absorben

En la fase de contracción toda la tensión acumulada se libera y el cuerpo pasa progresivamente a un estado de mayor relajación, para retornar al punto neutro. Esta fase es de características bioélectricas negativas y pasivas. Es una fase puramente pasiva, el cuerpo devuelve la tensión que se ha acumulado en la fase de expansión.

Consideraciones: El Pulso de Vida se puede percibir, analizar y modificar con un oportuno entrenamiento que desarrolle la sensibilidad necesaria y la técnica adecuada.  A lo largo de muchos años enseñando a personas de todas condiciones a percibir este movimiento, nunca he visto a nadie que no lo haya podido percibir. Personas diferentes perciben las mismas impresiones cuando trabajan un mismo sujeto, lo que confirma que no se trata de impresiones subjetivas, sino totalmente objetivas